América Latina y el Caribe generó el 65% de su electricidad a partir de fuentes limpias en 2025, muy por encima del promedio mundial del 43%. La participación combinada de la energía eólica y solar en la región (19%) estuvo por encima del promedio global (17%), mientras que la energía hidroeléctrica (40%) continuó aportando la mayor parte de la electricidad limpia. Las energías solar y eólica son las fuentes de electricidad de más rápido crecimiento en la región: en los últimos cinco años duplicaron con creces su capacidad y, en 2025, crecieron 2,5 veces más que la demanda eléctrica.
En la región, Chile (38%) y Uruguay (46%) tienen las mayores participaciones de energías eólica y solar. En Brasil, la generación solar superó por primera vez a la generación con combustibles fósiles en 2025.
En 2025, los combustibles fósiles representaron el 35% de la generación eléctrica de la región, una caída significativa frente al 47% registrado en 2015. Como resultado, la matriz eléctrica de la región depende cada vez menos de los combustibles fósiles y presenta una intensidad de carbono casi un 50% menor que el promedio mundial.
Gracias a la expansión sostenida de las energías eólica, solar e hidroeléctrica a gran escala, América Latina y el Caribe no ha desarrollado una dependencia del carbón como la que se observa en Asia. En 2025, el carbón representó apenas el 4% de la generación eléctrica regional. Aun así, el gas fósil todavía aporta el 24% de la electricidad de la región, aunque su generación cayó levemente – 3 TWh menos que en 2024 – debido a que la energía solar y eólica crecieron más rápido que la demanda eléctrica.
Seguir ampliando la generación de energía limpia, especialmente eólica y solar, será clave para acompañar el aumento de la demanda eléctrica en América Latina y el Caribe. Una mayor inversión en proyectos de energías renovables permitirá ampliar el acceso a la energía en comunidades remotas, fortalecer la seguridad y la independencia energética de la región, y generar nuevos empleos verdes.